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La maestra que murió, pero siguio dando vida


Irene Romero, donante, ayudó a salvar a una colega y a un vecino

CORRIENTES.– De cómo la solidaridad de una maestra rural de 44 años se multiplicó después de su muerte trata esta historia. Irene Romero daba clases en la escuela de Paraje Zapallo, distante 130 kilómetros al sur de esta capital, cuando se desplomó frente a sus alumnos. Llamaron a una ambulancia, que llegó como pudo, y pocas horas después sus seis hermanos y su madre recibían en el Hospital Escuela la peor noticia: “Tiene muerte cerebral”.

Doña Elva Vega de Romero reveló en ese momento un secreto muy bien guardado: su única hija mujer era donante de órganos y había pedido expresamente que si algo como lo ocurrido aquel miércoles 26 de noviembre de 2004 le sucedía, su cuerpo fuera utilizado para salvar otras vidas. El aneurisma mortal que sufrió aquella mañana no dejó otro camino que transformar en realidad el anhelo de Irene, cuyos riñones actualmente viven en dos receptores que esperaban un trasplante desde hacía ocho años, durante los cuales la diálisis había sido la única salida.

Hoy, esas tres familias se mantienen unidas no sólo por aquel acto de amor, sino por la fuerte militancia que, desde entonces, ejercen en favor de la donación de órganos.

Sin embargo, un año y cinco meses antes había sido duro dar el sí al equipo quirúrgico que esperaba en una sala contigua. La numerosa familia Romero se sentó a debatir contra reloj. Héctor, uno de los hermanos mayores, opinó que debían permitir la ablación porque era la voluntad de Irene y porque entendía que, de esa forma, la seguirían teniendo entre ellos. Pero Diego, el menor de los siete hijos de doña Elva, se negó. Cegado por el temor a la mutilación de su hermana, trató de convencer a los demás para que la "dejaran tranquila". Hoy, lejos de aquellos instantes críticos y, a pedido de LA NACION, los Romero se reunieron para relatar los pormenores de la decisión que cambiaría sus vidas, como seguramente cambiaron las de las dos familias que hace pocos días donaron los órganos de sus seres queridos, aquí mismo, en Corrientes, para que diez personas pudieran tener la oportunidad de seguir viviendo.

Cuenta Diego: "En ese momento yo no quería saber nada porque creía que el cuerpo de mi hermana iba a quedar mal. Como no nos poníamos de acuerdo con mis hermanos decidimos dejar todo en manos de mamá". Santiago, otro hermano, recuerda cómo la sabiduría materna deshizo los prejuicios.

"La vieja nos hizo ver que el dolor por la muerte de Irene sería el mismo, donáramos o no sus órganos, así que dimos la autorización", explica.

Para entonces, un paro cardíaco había inutilizado la mayoría de los órganos del cuerpo de la maestra, salvo los riñones y las córneas, que fueron extraídos y trasladados a Santa Fe, donde serían implantados en dos correntinos que hoy forman parte del clan Romero con el honroso título de "hermanos de riñón".

Documento sin título
Invitación a VOLUNTARIOS para Difusión de la Donación de Órganos y Tejidos en las Elecciones

"Los comicios como herramienta para captar donantes" — Diario Época

"Una oportunidad para registrarse como donante" — Diario Época

 


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